“…al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino.”
Viktor E. Frankl
El ser humano, como único ser que tiene capacidad de razonar, pensar y auto observarse, puede y debe tener la responsabilidad de trascender su propia existencia, es decir, cumplir con su característica única de ser humano. El hombre es un ser que siempre busca o necesita de algo. Algunos filósofos y expertos en la materia opinan que el hombre se rige por su voluntad de conseguir placer. Otros piensan que las intenciones del hombre se rigen por su voluntad de poder. ¿Será que el ser humano es una maquina de instintos tan primitivos como los de cualquier animal no racional? ¿Será que la vida del hombre se enfoca en tener poder y tal vez de esa manera compensar alguna deformidad física o baja auto estima? ¿O será que el ser humano sólo busca estímulos para llegar al placer?
Viktor Frankl, en su logoterapia ve al hombre como aquel ser que siempre debe de encontrar un sentido por el cual vivir: una meta, un objetivo. El problema del hombre es que no sabe que tiene la responsabilidad ante algo, ante un propósito que le dé sentido a su vida. El hombre debe siempre encontrar un contenido auténtico para su existencia.
Y si tocamos el tema de la existencia, entonces llegamos a la esencia de lo que es el ser humano. El hombre es el único que puede percibir, sentir y meditar acerca de su existencia. Ese es el ser humano; el que percatándose de su existencia, puede y debe darle un sentido. Es el hombre el que siempre, ante cualquier circunstancia, por muy adversa que sea, mantiene la capacidad de elegir cómo enfrentar esas circunstancias. Al hombre se le puede arrebatar todo, pero lo último que pierde es su voluntad de sentido, de contestarse a sí mismo cómo responderá ante lo que la vida le pone enfrente.
El hombre puede verse condicionado por aspectos biológicos, psicológicos y sociales, pero solo él mismo es capaz de trascender esas condicionantes para mantener su libre elección de actuar. Por eso es que el ser humano es el único que puede trascender su propia existencia.
Toda ocasión o todo evento que le presenta la vida al hombre es una oportunidad de encontrar ese significado que tanto necesita. Como diría Hebbel “la vida nunca es algo, sino la oportunidad para algo.” Cuando el ser humano, dice Nietzsche, tiene un por qué, entonces siempre encontrará un cómo.
Y es en el sufrimiento que el ser humano, a través del las garras indomables del espíritu, como dice Frankl, puede llegar a encontrar el sentido más profundo de su existir. ¿Cómo encontrar un sentido ante la pérdida de un hijo? Esa pregunta encierra una respuesta que solo nosotros podemos elegir, la cual conlleva un enorme significado. Podemos morir con nuestros hijos, o podemos optar por un SI A LA VIDA A PESAR DE TODO. Encontrando en esa respuesta la trascendencia como ser humano. “El hombre que se levanta de su dolor para ayudar a otro que sufre, trasciende como ser humano” afirma Frankl. Ese es el ser humano, el que viendo la necesidad del otro, la hace suya y de esa manera asciende a SER humano. Y a pesar que estamos “amarrados” a la provisionalidad de la existencia, si somos conscientes que la vida no puede carecer nunca de sentido, es decir que el sufrimiento encierra en sí mismo la posibilidad de encontrar el más alto sentido y de hacernos responsables ante algo, será imposible que adoptemos una actitud provisional e irresponsable ante la existencia.
La vida tiene sentido, sin importar lo que nos haya pasado, pero ese sentido, solo nosotros se lo podemos dar. Es nuestra elección si queremos encontrar ese sentido, o si nos dejamos derrotar ante lo inevitable que nos ha ocurrido. ¿Qué hago yo cuando el peso de la tristeza por no ver a mi hijo se empieza a volver insoportable? Miro fuera de mí, trasciendo mi propia existencia. Entonces busco a alguien que necesite apoyo, compañía, y se la brindo. Esto es la ciencia del espíritu. Y como es una ciencia ha de ser comprobable. Entonces comprobémoslo, hagamos el experimento, y descubriremos que el peso de la tristeza se vuelve más liviano, la vida cobra sentido y el hombre se hace hombre.
Renacer El Salvador
Mauricio, papa de Rafa


Comentarios recientes